domingo, 27 de mayo de 2012

DOLARES



Por Adrián Murano
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos elaboró un completo informe sobre la tenencia de billetes verdes en el exterior. La Argentina lideró el ranking global. 
Los medios, de hecho, fueron y son cruciales para que el tema permanezca inalterable: no existe noticiero que omita la placa con la cotización del día, como si conocer el valor del dólar fuera tan relevante como el pronóstico del clima.
En la última década, por efecto de la crisis estadounidense, comprar dólares ni siquiera fue una buena inversión. ¿Por qué, entonces, vivimos obsesionados?





Existen razones históricas, económicas, culturales y psicológicas. El proceso de colonización económica iniciado en los ’70 con la reforma del sistema financiero y, luego, con la implantación de la doctrina neoliberal alumbró una casta de ricos surgidos de las mesas de dinero donde se hicieron buenos negocios con la sucesión de deuda externa, devaluaciones e hiperinflación. 
En los noventa, esa generación de timberos enriquecidos, convertidos en respetables banqueros, sellaron la colonización monetaria con la convertibilidad, un invento que derivó en la ruina casi terminal de la Argentina. Pero la crisis de 2001 no alcanzó a desarmar el dispositivo cultural que empuja a los ahorristas locales sobre el dólar.

Las consecuencias económicas de ese comportamiento patológico integran el ancla que desde hace décadas impide el despegue del país. 
Empujado por necesidades de coyuntura, el gobierno de Cristina Fernández redujo casi a cero la compraventa de moneda verde y plantó una batalla cultural clave. 
¿Podrán los argentinos sobrevivir sin dólares en el bolsillo? Si pasa el examen, el país habrá dado un gran paso hacia la soberanía. Vale la pena intentarlo.

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