domingo, 5 de octubre de 2008

EL HÉROE DE LAS MUJERES


-Junto a las mujeres, la vida es una milicia. Una milicia que debiera ser obligatoria para la juventud, pues completa la educación y forma el carácter. Por ellas, triunfamos de nuestras debilidades y, lo que es más importante, aprendemos a cuidar el detalle personal, a tender la cama, a preparar el té.

-Sé, o creía saber, que las mujeres un día caen, como fruto maduro, en los brazos del enamorado constante. Dede luego, no debe uno desacreditarse por demasiada constancia y fidelidad. Pero aún así las mujeres caen, porque la vida trae de todo, y cuando llega la hora del abatimiento, aparecemos como la roca de salvación. Y cuando llega la hora de la incertidumbre, acometemos como un general con su ejército.

-Después, todo pasó como un sueño. La moraleja del episodio es que las vírgenes y los mejores premios de la fortuna se nos dan gratuitamente y que tal vez para reestablecer el equilibrio de la justicia resbalan como el agua entre las manos.

-Pienso en todas ellas con alguna nostalgia, pero si las recuerdo por separado me juzgo dichoso de que estén lejos.

-Impedir que se completen y lleguen a su natural perfección los momentos felices de la vida es un error.

-Suspirando, llegué a la conclusión de que debemos tratar considerablemente a las mujeres, porque son tan frágiles como respetables.


Adolfo Bioy Casares

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