miércoles, 4 de febrero de 2009

EL BOULEVARD DE LOS SUEÑOS ROTOS




Al igual que hiciera en "American Beauty", Sam Mendes vuelve a ahondar en los conflictos existenciales de la sociedad norteamericana, en este caso, adaptando la novela de Richard Yates "Revolutionary Road", escrita en 1961.
Sin embargo,bien podría ser la historia de una pareja cualquiera de no importa qué lugar. Porque, aunque continuemos engañándonos, "el sueño americano" es un reflejo de la sociedad que hemos elegido,y que empezó a ser algo nuestro desde el triste momento en que se erigió como paradigma de la felicidad.
Unos primeros flashbacks nos presenta a la pareja. Nos muestran el día en que se conocieron. Eran jóvenes, felices, llenos de sueños... Quizá Mendes nos quería mostrar el "antes", para que entendiéramos mejor el "después", porque son los únicos momentos en los que podremos ver a la pareja feliz.
La película arranca con el estreno de una obra de teatro en la que April es la protagonista. El fracaso de la función será algo más que otro sueño roto, será el detonante de lo que vendrá.
En el camino de regreso a casa April y Frank mantienen una fuerte discusión y ya no habrá vuelta atrás. Ella no puede seguir con una vida que nunca ha sentido como propia, que se ajusta a ella como un traje a medida, pero que no le pertenece. Toda la infelicidad y tristeza que lleva dentro se instala en ella irremediablemente.
París se cuela en el filme en un guiño a la mítica frase de "Casablanca", como el lugar donde es posible empezar una nueva vida y construir nuevos sueños.



Una puesta en escena sobria, una buena ambientación, un guión impecable, pero sobre todo y por encima de todo, las magistrales actuaciones de Leonardo DiCaprio y una Kate Winslet.
Pocas veces se da una comunicación y una simbiosis tan profunda entre dos actores, se apoderan la pantalla.
Kate Winslet, maravillosa, te emociona y te revuelve las entrañas (no habrá premio que se la resista). Y Leonardo DiCaprio, soberbio. Interpreta, sin ninguna duda, el mejor papel de su vida.
El final es demoledor, impactante, desde luego buen abono para la reflexión.
Sólo se muestran actitudes, comportamientos, no hay dogmas ni consejos morales sobre "el bien y el mal". Cada uno deberá extraer sus propias conclusiones en este boulevard de los sueños rotos.

No hay comentarios: