domingo, 9 de agosto de 2009

NUEVO CINE RUMANO I


La fecha es probablemente 2005. Ese año, "La noche del señor Lazarescu", de Cristo Piui llamó la atención hacia el cine rumano al obtener el Premio Un Certain Regard en el Festival de Cannes. Dos años después, el mismo festival galardonó con el Palma de Oro a "4 meses, 3 semanas y 2 días", de Cristian Mungiu, una película de la misma nacionalidad. A partir de ahí, los cinéfilos de todo el mundo comenzaron a hablar del Nuevo Cine Rumano como un movimiento generacional, aunque sus propios integrantes desconfian de esta etiqueta y sostienen que no integran ninguna capilla: son, simplemente, rumanos más bien jóvenes ue hacen cine.
Más allá de las etiquetas, existen características comunes en estos cineastas. Una de ellas es el estilo directo y el realismo casi documental. Vale la pena recordar que Rumania padeció bajo la tiranía de Ceaucescu hasta diciembre de 1989, y hasta esa fecha los cienastas, según su temperamento y convicciones, debieron plegarse a la propaganda del régimen, rodando películas escapistas o escondiendo sus cuestionamientos con recursos metafóricos.
Algunos de los directores de la nueva generación, como Mungiu o Piui, menos de 40 años, decidieron hacerse cineastas para reaccionar contra ese "cine de papá". Sus películas exhiben habitualmente una dosis de mordacidad, pero a menudo esquivan la crítica explícita al régimen anterior.
Su empeño consiste más bien en entender lo ocurrido y tratar de explicar los por qué.


Los últimos treinta años de la historia de Rumania aparecen examinados en estas películas de un modo realista, con alguna pincelada de humor negro en muchos casos.
Al mismo tiempo, podemos señalar que, por lo general, esta tendencia cinematográfica rehuye los argumentos complicados e instalan su acción en ambientes cotidianas. También tienen perídos de tiempo muy breves (algunas transcurren en pocos días, otras en una sola noche).
No es fácil hacer cine en ninguna parte, y también los cineastas rumanos tienen sus problemas. La infraestructura industrial es escasa (un país con 22 millones de habitantes y sólo 80 salas de cine). El éxito internacional resulta indispensable para que un film pueda sobrevivir.
Cuando Mungiu recibió su premio en Cannes, declaró que se trataba de "un reconocimiento, un alicente para pequeños cineastas de pequeños países, que no necesitan grandes presupuestos ni grandes estrellas para hacer una historia que todo el mundo escuche".
Y el suyo no es el único nombre importante. Hay que agregar también a Corneliu Poromboiu, autor de la muy satírica "Bucarest 12.08", o a Catalin Mitulescu, realizadora de la más dura "Cómo celebré el fin del mundo". En la lista, podemos incluir "California Dreamin´", de Cristian Nemescu; "Bendita seas, prisión", de Nicolae Margineanu; "El papel será azul", de Radu Muntean; "Ascensor", de George Dorogantu, y "Un verano inolvidable", de Lucian Pintilie.
Cinemateca Uruguaya.

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