domingo, 20 de junio de 2010

EL FACTOR KAPUSCINSKI


La no-ficción es un genéro literario interesante; tal como su nombre lo indica, se trata de escribir en base a sucesos reales. Lejos de ser informes periodísticos, las novelas de no-ficción se proponen literalizar un suceso real. Todos los estudiosos coinciden en mencionar "A sangre fría", de Truman Capote como el libro que inauguró este género, aunque todos sabemos que el verdadero precursor fue nuestro Rofolfo Walsh con su "Operación Masacre", unos cuantos años antes.
Ahora bien, los libros de no-ficción representan un dilema: ¿hay ausencia de ficción? ¿Hasta qué punto el autor deja de convertirse en un escritor, hasta qué punto puede ser fiel a la verdad?
Sin dudas, todo el escándalo que se produjo en torno al periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski (1932 - 2007) es un buen punto de partido para entender estas cuestiones.
Considerado un titán, un emblema, un símbolo de la cultura polaca, Kapuscinski supo ser periodista, corresponsal de guerra, leyenda nacional, testigo de grandes sucesos y autor de libros de no-ficción como "Ebano", "El emperador", "El Sha o la desmesura del poder" y "La primera guerra del fútbol y otras guerras de los pobres", etc.
¿Por qué hay una polémica? Hace poco, Arhur Domoslawski escribió una biografía donde comprueba que Kapuscinski habría manipulado datos y situaciones para escribir sus aparentemente verídicas obras. El asunto adquiere matices un poco más frívolos si tenemos en cuenta que Domslawski fue discípulo de Kapuscinski. Todo esto alcanza para que muchos críticos y cronistas del mundo entretejan un enfrentamiento digno de un programa de chimentos.
Pero vayamos a lo más importante del caso: acá se manifiesta, una vez más, el cruce entre la realidad y la ficción.
El escritor John Ryle afirmó: ¿Qué importa si tenemos que colocar "El Emperador" o "El Sha" en ficción o no-ficción? Siempre serán libros magníficos.


Neal Ascerson va mucho más lejos y asegura que existe una gran diferencia entre dar noticias y escribir libros. "Casi todos los periodistas, excepto un puñado de santos, sacan punta a las citas o varían ligeramente las horas y los lugares para causar más efecto". Ante estas palabras, Timothy Garton Ash se plantea: "¿Cuánto es ligeramente? ¿Hasta dónde puede atreverse uno a sacar punta? Existe una línea fronteriza que los escritores de no-ficción debemos intentar no cruzar jamás. Si cruzamos ese límite, entonces debemos asignar una etiqueta distinta al producto final".
Esto no lleva a plantearnos sobre la veracidad de las crónicas que leemos habitualmente. ¿Dónde está la verdad? Según Horace Engdahl, "la verdad no es nada más que lo que certifica un testigo fiable".
Irónicamente, Domoslawski ofrece una solución: las liberías ya tienen una sección de ficción y otra de no-ficción, ahora deberían agregar una nueva sección llamada Kapuscinski.
En una entrevista reciente publicada por la revista Ñ, Domoslawski se defiende alegando que nunca se propuso denunciar o destruir a su amigo y mentor: "Mi libro no es un ataque a Kapuscinski".
Hay que tener en cuenta que las novelas de no-ficción de Kapuscinski ambientadas en África o América Latina eran leídas por los polacos como metáforas de su propia situación que pasaban por alto la censura de los censores del comunismo por estar ambientadas en lugares exóticos, reaccionarios y lejanos. De esta forma, "El emperador" trata sobre la corte de Selassie en Etiopía pero también puede interpretarse como una metáfora de la corte del Partido Comunista polaco.
Seguramente, la mejor definición sobre la forma de trabajar de Kapuscinski es brindada por Domoslawski al afirmar que "el panorama del bosque que él nos presentaba es correcto, pero a los efectos de crear ese panorama, cambiaba de lugar algunos árboles del bosque".


Kapuscinski es, antes que nada, un hombre que era consciente de su propia leyenda y que hizo lo posible para alimentar esa leyenda. El mejor ejemplo es su amistad con el Che Guevara, a quien nunca conoció. En una entrevista, admitió con franqueza que esa supuesta amistad era "el error de un editor", pero es un error que el propio Kapuscinski no se esforzó por corregir y esa información aparecía continuamente en la contratapa de sus libros.
Ante las acusaciones de que Domoslawski hizo lo posible para desprestigiar a su maestro y presentarlo como un mentiroso (incluso la viuda de Kapuscinski habló de parricidio), el biógrafo advierte que que la lógica actual de los medios se concentra en un punto polémico y lo presenta sin sutilezas. Es verdad que colaboraba brindando información al Partido Comunista polaco, pero también hay que tener en cuenta que era un comunista convencido (y no un cínico que intentaba hacer carrera), era un partidaria sincero, nunca fue un agente secreto. Sin ir más lejos, muchos periodistas de EEUU colaboran con la CIA.
Al mismo tiempo, Domoslawski subraya la importancia histórica de la figura de Kapuscinski: "fue un gran hombre, un testigo y actor de la segunda parte del siglo XX, un testigo de la descolonización, un severo crítico de las guerras y los negocios sucios de Occidente en África, Asia y América Latina. En Polonia, se considera a Kapuscinski un gran escritor pero se desconoce su mensaje moral y político, era un enérgico crítico del neoliberalismo, de algunas formas injustas de globalización, se opuso a la invasión a Irak con tropas polacas y nadie discutió estos temas con él, no lo escucharon. Sus ideas cayeron en el más completo olvido. Pienso que mi libro da una nueva vida a sus ideas políticas. Muchos pretendían que yo confirmara la leyenda y que no abordara ninguna de las controversias. No podía hacer eso ni prometí que lo iba a hacer".


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