miércoles, 3 de agosto de 2011

EL MISTERIO DE FUENTEALBA - 1


Por Gustavo Fernández La bizarra historia de Eduardo Fuentealba. ¿Un mitómano paranoico u otra víctima de la Oscuridad? La muerte. Dicen que el antiguo capataz estaba celoso porque el forastero llegado de la gran ciudad entre gallos y medianoche le había arrebatado el empleo. Y algo más, también. Cuestión de polleras, dicen; Fuentealba tenía fama de mujeriego y pese a haber llegado a esa estancia en la provincia de San Luis con esposa e hija, parecía haber tenido en algún fugaz viaje anterior, alguna excesiva cortesía con la muy joven mujer del capataz. Dicen también, por supuesto, que este último fue el idiota útil al que costó poco motivar para desembarazarse de un investigador molesto. Pero dicen tantas cosas... Lo único cierto es que todo terminó con el brillo de relámpago de un facón hiriendo la mañana al hundirse en la carne. El cosmopolita cayó, paralizado más por la sorpresa que por el dolor, los dedos hincados en la tierra, ahora roja, que pensó fecundar con su sudor y no con su sangre. Debo a la amabilidad del investigador argentino Mario Biscione no sólo conocer la extraña historia de este personaje sino muy especialmente poder acceder a las grabaciones (concretamente, tres cassettes) donde, aún en vida, Fuentealba narra segmentos de su historia. Una primera lectura (o audición) puede llevar a la errónea conclusión de estar ante un gratuito relato delirante: la reflexión sobre otros elementos de esta crónica, permiten suponer que algo oscuro se agita en la bruma de la desinformación. La historia de Eduardo Fuentealba nos retrotrae a la de William Cooper, un ex suboficial del ejército estadounidense y ferviente comprador y difusor de toda historia conspiranoica: bases subterráneas de “grises” donde se tejían alianzas con el complejo militar-industrial terrestre, implantes de la CIA para monitorear experimentos genéticos desarrollados por alienígenas y cuanta historia bizarra corriera por ahí tenía en este personaje no sólo un atento oyente sino todo un proclamador. Habitual visitante de espacios radiales nocturnos, en los últimos años parecía haber radicalizado su postura al punto que se lo sindicaba muy cercano a las tristemente célebres milicias paramilitares. De hecho, fue aparentemente su relación con las mismas y ciertos ilícitos cometidos los que llevaron al FBI a librar orden de captura y un par de años atrás, como consecuencia de ello, terminar acribillado a balazos en un enfrentamiento caminero con agentes de la ley. Al igual que éste, Fuentealba estaba vinculado a grupos paramilitares, a espacios radiales nocturnos, a investigaciones sobre OVNIs y a umbrosas relaciones políticas. Básicamente, fue un ex agente de la SI (Secretaría de Inteligencia, ex SIDE, el servicio de inteligencia del Estado argentino), posiblemente apenas un “informante” devenido luego en periodista radiofónico especializado en OVNIs. Mudándose constantemente —vivió en los alrededores de Buenos Aires, en Lago Puelo (Chubut), en Córdoba, en Santa Fe y finalmente en San Luis, donde murió asesinado—, genera y consume alimento conspiranoico. Los allegados a SEPRIN (“Servicio Privado de Información”, ex agentes de la SI, policías en actividad o retirados) lo reconocían también como una fuente de noticias.

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