sábado, 9 de julio de 2011

A PROPÓSITO DEL SUPERMAN ROJO




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DC Comics editó en 2003 con el sello Elseworlds esta alegoría política en la que el Hombre de Acero crece en la URSS y actúa para el comunismo.


Orwelliano y shakespeariano
: No se queda ahí. Millar considera que ‘Hijo rojo’ es “un examen orwelliano de lo que sucede cuando el balance de poder se inclina y un país se coloca como única superpotencia del mundo” que nace del intento de hacer “algo shakespeariano que empieza con un hombre que intenta hacer lo correcto y acaba cometiendo errores terribles en su camino”.
Ambiciosas pretensiones las de Millar, pero consiguió una historia lejos de los clichés más fáciles y simples, que colmaba sus aspiraciones. A lo largo de los tres números de ‘Superman. Hijo Rojo’ vuelve del revés los pilares principales del universo DC.



La idea de partida es sencilla. ¿Qué sucedería si ese cohete alienígena hubiera aterrizado en la Unión Soviética y no en los Estados Unidos y Superman fuera el hijo predilecto de Stalin y un defensor del comunismo? El desarrollo es lo complejo, porque supone reinterpretar la historia mundial de la Guerra Fría con la hoz y el martillo en lugar de la famosa S en el emblema de Superman.
Alegoría política
: Como alegoría política, ‘Hijo rojo’ tiene un valor incalculable. Millar plantea un mundo en el que, apoyado en la fuerza icónica de Superman, el comunismo se expande por todo el mundo. La única excepción es Estados Unidos, que primero se sume en el caos, la guerra y el hambre y después se constituye como única alternativa a la URSS bajo el mandato de Lex Luthor y su estricto mercado interno y una política de pleno empleo.
En la reinterpretación del mundo que hace Millar, Batman se ha convertido en un anarquista que lucha contra la opresión de Superman (el diseño de la capucha de Batman es uno de los aspectos más discutibles de la obra), y Lex Luthor en el antagonista perfecto de Superman. Como en el Universo DC tradicional, pero desde otro punto de vista.


Superman y Wonder Woman: Gracias a ellos, el guión se convierte en una interesante reflexión sobre la capacidad de influencia que seres como Superman o Wonder Woman (magnífica la relación de amor y traición que se establece entre ellos) tienen sobre la vida de los seres humanos, de la corrupción que provoca el exceso de poder y de los límites que tiene que haber en el trabajo de un superhéroe y también de un estado.
La cantidad de información del mundo de la política y del cómic desplegada a lo largo de los tres números es tal, que la obra resiste numerosas lecturas y siempre ofrecerá al lector nuevos detalles por descubrir: una viñeta inspirada por un clásico, un personaje del universo DC reinterpretado, un momento histórico reconvertido para que la aventura mantenga su sentido.
Dave Johnson y Kilian Plunkett se encargan del dibujo de la obra, y no desaprovechan las posibilidades que Millar les ofrece en los numerosos climax de acción (las peleas contra Barman o Hal Jordan) o en los momentos más intimistas (como los pensamientos de Lois Lane).
Un Elserworlds nominado a los Premios Eisner: ‘Superman. Hijo rojo’ es el más popular de los títulos del Hombre de Acero que DC editó bajo el sello Elseworlds, en el que coloca a sus héroes en tiempos o mundos alternativos. Editado en 2003, fue nominado al premio Eisner a la mejor serie limitada, galardón que le arrebató el primer volumen de ‘La liga de los hombres extraordinarios’, de Alan Moore. En todo caso, una magnífica novela gráfica.

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