lunes, 29 de marzo de 2010

GATTACA, una película de culto


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En un panorama cinematográfico en el que los efectos especiales parecen ser argumento suficiente para una película y los buenos guiones brillan por su ausencia, Gattaca aparece como un pequeño oasis de buen cine completamente ignorado por el gran público.
El planteamiento de Gattaca es una vuelta a los esquemas básicos de la Ciencia-Ficción. La película recoge un tema de interés en el mundo que vivimos y lo traslada a un futuro hipotético con el fin de poner de manifiesto los diferentes aspectos del objeto de debate: la manipulación genética.
En un futuro no muy lejano los seres humanos son creados a partir del genoma de sus padres, que es seleccionado con el fin de obtener lo mejor de cada uno de ellos.
No es una eugenesia absoluta como la del "Mundo Feliz" de Huxley: los niños del mundo de Gattaca son auténticos hijos de sus padres. Sin embargo han sido manipulados para eliminar cualquier posible rastro de imperfección, como podrían ser la miopía, la calvicie, el alcoholismo, el cáncer o, incluso, la violencia.


La película nos muestra una sociedad aséptica y ordenada donde la contaminación ha desaparecido, las energías son renovables y no hay motivo para suponer violencia o delincuencia. Nos encontramos en la antesala de un mundo aparentemente perfecto. Pero esta perfección ha sido obtenida a costa de cualquier vestigio de humanidad. Los personajes de Gattaca son fríos; sus relaciones, asépticas...
En el mundo de Gattaca uno no puede escapar a sus genes. Por supuesto, la marginación es ilegal (se denomina genomismo) pero un análisis de substancias orgánicas (no siempre legal) es la llave final que abre o cierra las puertas al futuro de cada uno. De forma un tanto irónica, en el mundo de Gattaca el hombre es marginado, de forma perfectamente racional, por la propia ciencia.
En este orden de cosas la casta más marginal del sistema es aquella formada por quienes han sido concebidos de forma natural. En un mundo de hombres y mujeres casi perfectos, estos seres, conocidos como "Hijos de Dios", son relegados a las tareas inferiores a causa de sus imperfecciones.


¿FICCIÓN?
Todo esto que nos parece tan lejano no lo es tanto. La investigación del genoma humano, recientemente catalogado al completo, es la puerta que abre la cura a una gran cantidad de enfermedades, pero que permite también investigar de forma inquietante nuestro interior.
Hace ya algunos años que el Reino Unido prohibió la utilización de análisis genéticos a la hora de contratar seguros de vida o de enfermedad, y sin embargo, el hecho de que se haya tenido que prohibir muestra lo cerca que estamos de que sea una realidad.
Y, sin embargo, si podemos evitar que nuestros hijos sufran hemofilia, cáncer o miopía, ¿por qué no hacerlo? El hombre ha luchado siempre en contra de la enfermedad, buscando una cura para sus males. ¿Dónde está, entonces, el límite?
Los hombres y mujeres de Gattaca son más sanos, más fuertes, viven mejor. La película trata el tema sin emitir ningún juicio, simplemente mostrando las posibilidades que ofrece la ciencia. No cae en la tentación fácil de criticar los avances negando las ventajas de cualquier posible progreso. Gattaca se limita a mostrar, dejando todo juicio en manos del espectador.


RETORNO A LA CIENCIA FICCIÓN CLÁSICA
Independientemente de todo esto, la estética que rodea la película es sorprendente desde el momento en el que el futuro parece ser un paso atrás. En un futuro donde la violencia ha sido erradicada y el hombre es creado a imagen de sus deseos, los trajes, los coches... todo parece recordar la estética de las películas y series de Ciencia-Ficción de los años cuarenta.
He nombrado al principio a Asimov, y no ha sido de forma casual. La estética de la película recuerda sus mejores relatos y casi sorprende no encontrarnos con alguno de los robots que pueblan sus sagas.
Los automóviles no son las máquinas futuristas que imaginamos hoy en día, sino unos modelos que a nuestros ojos parecen sacados de un museo y cuya única innovación respecto a los coches de los años cuarenta es el sonido eléctrico de los motores. Los personajes visten con elegantes trajes por la calle (no es raro ver a hombres llevando sombrero) y en sus casas llevan chalecos y pantalones de pinzas. La misma cocina de la casa de Vincent niño parece sacada de un anuncio de aspiradoras de época.
El futuro de Gattaca se nos hace ingenuo. La misma Gattaca con sus cohetes que parten camino de las estrellas doce veces al día nos recuerda a las ilustraciones de portada de revistas tales como "Amazing stories" o "Astrounding".
Sin embargo el tema sobre el que se argumenta la película resultaría incongruente en un relato de Asimov, pues la investigación genética no comenzó a resultar inquietante hasta mediados de los setenta. Igualmente incongruentes son los ordenadores de las mesas de trabajo, que sustituyen a la supercomputadora MultiVac de los relatos de Asimov.
Y sin embargo su influjo estético está presente de forma ineludible. El mundo de Gattaca es el sueño hecho realidad de un niño que creció leyendo revistas baratas (las llamadas pulp). No es, sin embargo, un sueño ingenuo.

CONCLUSIÓN
Gattaca es, ante todo, una película para disfrutar; pero no es un simple divertimento cinematográfico sino que está llena de matices. Un argumento interesante, un guión sólido, personajes complejos, un buen trabajo de los actores y una maravillosa fotografía hacen de Gattaca un ejercicio de buen cine que se saborea desde un principio.
Pero, más allá del goce estético, Gattaca es un elemento para la reflexión. La ciencia avanza, muchas veces a nuestras espaldas. Gattaca es una llamada de atención, un aviso sobre las posibilidades más inquietantes (y más esperanzadoras) de una tecnología, la genética, que avanza cada vez más rápidamente, al margen de los diversos debates éticos y morales que suscita.
No es posible ver Gattaca sin reflexionar acerca del tema que plantea y que, tal vez, sea más importante que la propia película. ¿Es ético modificar el genoma? La respuesta es clara cuando hablamos de evitar cáncer, hemofilia, sindrome de Down o muchas otras enfermedades. Pero si la modificación es ética para curar o evitar enfermedades ¿cuál es el límite de lo que consideramos enfermedad? ¿Está justificada para la miopía o para la calvicie? ¿Y para obtener una estatura correcta, ojos azules y piel clara? ¿Dónde está el límite?
Pero todo esto es algo que va más allá de este artículo.

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